

Foto: FERRAN NADEU
EL PERIÓDICO repite un recorrido por las barreras del paseo de Gràcia realizado hace 4 años
CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA
Si tienen ocasión, fíjense en las barreras arquitectónicas de los dos lados de la Diagonal. Encontrarán un restaurante, un hotel, una tienda, una entidad bancaria o una peluquería. Bajen la mirada al suelo. Ahí, con enorme probabilidad, toparán con un escalón; más alto o más bajo, pero escalón al fin y al cabo. Ahora imaginen que van en silla de ruedas. Complicado, ¿verdad? Según ha podido comprobar este diario, el 63% de los establecimientos de la avenida, entre Francesc Macià y paseo de Gràcia, no son accesibles para personas con discapacidad, un detalle, tan urbano como social, que parece que ha quedado al margen del discurso oficial sobre la reforma de la vía, centrado en ramblas, bulevares, tranvías, árboles, motos y bicis.
Si se tiene en cuenta que cerca del 32% de los barceloneses tienen algún problema de movilidad, la importancia de garantizar la entrada a un establecimiento no es una cuestión baladí. No es que todos precisen de una silla de ruedas, ya que entre esos cerca de 500.000 barceloneses podemos encontrar, además de personas con discapacidad, mujeres embarazadas, ancianos o ciudadanos con una lesión temporal; personas, en definitiva, que tienen el mismo derecho a cortarse el pelo, comprar una camiseta o unos zapatos, tomar un café o sacar dinero. Eso, a día de hoy, no está garantizado en la Diagonal, algo que puede confirmarse con un entretenido paseo de poco más de una hora. De los 119 establecimientos que uno puede visitar en el tramo más concurrido de la arteria, solo 44 disponen de rampa de entrada o están a nivel del suelo, mientras que los 75 restantes obligan a levitar o a pedir auxilio para poder salvar el obstáculo.
GENTE CON POSIBLES / José María Ballesteros preside en Catalunya la Confederación Estatal de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) y lleva tres décadas defendiendo a «un colectivo muy numeroso y con un considerable poder adquisitivo». Dice esto, lo del dinero, por una razón concreta, ya que muchas empresas privadas, explica, siguen relacionando «discapacidad y pobreza». Pide, por ello, «un poco más de sentido de la realidad», algo que «sí parece haber calado entre las grandes superficies», como demuestran El Corte Inglés, General Óptica o la tienda de electrónica Dows.
Con la instalación de rampas en el 100% de los autobuses, el 74% de las estaciones de metro adaptadas y el 90% de las calles de la ciudad acondicionadas para el paso de una silla de ruedas, Ballesteros considera que la implicación del comercio es una «obligación moral», el elemento que confirmaría que Barcelona es «la ciudad más accesible de Europa».
Marta Canut, presidenta de la Asociación Comercial Diagonal Centro, recientemente creada con motivo de la reforma de la avenida, reconoce que la accesibilidad es una «tarea pendiente y no muy comentada» y excusa el problema en «la propia arquitectura de los edificios».
CUESTIÓN DE AUTONOMÍA / El problema, insiste Ballesteros, es que las empresas no les ven como «clientes potenciales» y reprocha la actitud de muchas tiendas, que se ofrecen a sacarles la mercancía a la calle. «¿Qué pasa si quiero comprar ropa interior, también la sacarán para que me la pruebe en la acera?», ilustra. «No queremos que nadie se apiade, queremos tener la opción de actuar con autonomía», resume.