

Ferran Monegal
El Periodico
Se equivocaron ambos. No acertó María Antonia Iglesias practicándole a Pedrito Ruiz un resabiado tercer grado remontándose a épocas cuaternarias, aquella historia, tan antigua, de si defraudó o no defraudó a Hacienda en tiempos de Borrell (la verdad es que el juez archivó el caso). Y se equivocó Pedrito al usar ese latiguillo que habitualmente usa María Antonia cuando marean la perdiz sobre cualquier tema y no contestan a la pregunta básica, o sea, «Pero a ver ¿es puta o no es puta?». Lamentablemente Pedrito no midió bien sus palabras y acabó personalizando («Conteste, responda ¿es puta o no es puta, usted?») y María Antonia se levantó de su butaca y se marchó exclamando: «Yo no tengo por qué aguantar este insulto, ni voy a estar ni cinco segundos más al lado de una persona que tiene la poca vergüenza de insultar a una mujer». ¡Ah! Qué lástima de encontronazo. Eso es lo que quedará, una estéril trifulca de registro bajo, de una sesión de La noria (T-5) francamente interesante. Me refiero al debate inmediatamente posterior, sobre el juez Garzón, planteado alrededor de la pregunta: «¿Es justo que sienten a Garzón en el banquillo de los acusados? ¿O es víctima de un linchamiento?». ¡Ah! Es aquí donde salió la María Antonia Iglesias profunda y afilada, diáfana, valiente y con más razón que Santa Clara, patrona y faro de los navegantes que luchan en aguas pantanosas. Tomó la palabra, advirtió de que no está de acuerdo en reabrir la causa del franquismo porque «sería un golpe mortal al pacto sagrado, y de honor, que hicieron la izquierda y la derecha en la transición», y dicho esto añadió: «Pero ni en la peor de mis pesadillas nunca pude imaginar que Falange Española y de las JONS, junto a un pseudosindicato de extrema derecha, pudieran sentar en el banquillo de los acusados a un juez demócrata». Esta es la canalla cuestión, efectivamente, la torticera maniobra de los restos del franquismo que aún colean y que aplaudían y jaleaban a Garzón cuando abordó el tema de los GAL, metiendo en la cárcel a Vera y Barrionuevo, y que ahora le criminalizan porque investiga lo que no les conviene (y útil también, por cierto, el Informe semanal en TVE-1, al respecto). Qué lástima, repito, que esa noche en La noria la tontería de «¿Es puta o no es puta?» haya tapado la esencia de lo que interesa.